Es, sin duda alguna, uno de los grandes especialistas de la literatura de vanguardias en nuestro país. Domingo Ródenas ha cultivado esta miscelánea de movimientos sugerentes e innovadores en multitud de estudios, antologías y ediciones como Los espejos del novelista (1998) y Travesías vanguardistas (2009). Por eso, Fundación Banco Santander le ha confiado lo último de su Colección Obra Fundamental: De la aventura al orden, la antología que recupera a Guillermo de Torre, uno de los grandes olvidados de la Generación del 27. Ródenas, crítico literario y profesor de Literatura Española en la Universitat Pompeu Fabra nos cuenta por qué debemos redescubrir a esta “figura gigantesca de la literatura española”:
De la aventura al orden reivindica la importancia literaria de Guillermo de Torre ¿qué vamos a descubrir sobre él en este volumen?
En este volumen he querido que el lector descubra la complejidad intelectual de Guillermo de Torre, la diversidad de sus intereses y de las labores que desempeñó, más allá de su clasificación rutinaria entre los nombres destacados de la vanguardia hispánica. Creo que puede sorprender, además, la ecuanimidad de sus juicios, la lucidez de sus análisis y la riqueza de su estilo, que empezó siendo una algarabía de neologismos y esdrújulos para depurarse muy pronto y convertirse en un modelo de prosa expositiva.
¿Cuál es el material inédito que recupera este libro sobre el ensayista de la Generación del 27?
Lo principal no era sacar a la luz textos inéditos de Torre sino reivindicar su condición de hombre de letras integral (escritor, crítico, traductor, editor, asesor, voz pública, profesor en sus últimos años…) y en particular el valor de su obra ensayística. Aun así, el libro incorpora material inédito que comprende cartas anteriores y posteriores a la guerra, un madrugador balance de su entrada en la profesión literaria, un análisis sobre el nexo del fascismo y la revista 900 de Massimo Bontempelli y algunas notas deshilvanadas sobre la generación sacrificada por la guerra civil. Pero el inédito más interesante tal vez sea “El peregrino en su patria”, donde recoge sus impresiones al regresar a España por primera vez en 1951.
¿Qué aportan los trabajos de Guillermo de Torre a la comprensión de la literatura y las vanguardias?
Lo primero que se deriva de sus trabajos es que al crítico literario hay que exigirle gusto literario y no solo en sus criterios valorativos sino en su propio estilo. Sin voluntad literaria por parte del crítico no hay crítica que merezca la pena salvo la de base áridamente científica. El propio Torre lo afirmó desde su juventud: el crítico es (debe ser) también un creador. En cuanto a su aportación al mejor entendimiento de las vanguardias y la literatura en general, deben destacarse por lo menos dos lecciones: que no puede comprenderse ningún fenómeno literario (y de cultura) limitándose a sus condicionantes locales o naciones sino que hay que ubicarlo también en las coordenadas estéticas e ideológicas transnacionales en las que adquiere su pleno sentido y, en segundo lugar, que esas coordenadas, a las que llamó “aire de época” (equivalente al Zeitgeist de los alemanes), solo pueden ser adecuadamente examinadas desde la literatura comparada, de la que fue sin lugar a dudas uno de los primeros practicantes en lengua española.
¿Qué influencia tuvo Norah Borges – hermana del conocido escritor y esposa de Guillermo de Torre- en la obra de este último?
La personalidad mágica de Norah, su bondad e imaginación naif, cautivaron a Torre en cuanto la conoció, apenas salido de la adolescencia. Sin duda Norah hizo que aumentara el interés de Torre por la pintura moderna, sobre la que escribió textos fundamentales (su Itinerario de la nueva pintura española en 1931 o su estudio sobre Picasso en 1936). Pero su influencia fue más bien de índole personal, templando su carácter polémico y seguramente contribuyendo a centrar su visión de los debates de ideas. La imagen del “fiel de la balanza” que él utilizó como título y con la que simbolizaba la posición deseable para el crítico literario me parece que ilustra esto que digo.
¿Cree que la historia ha maltratado la figura de Torre? ¿Qué le atrajo a usted de ella?
La Historia suele maltratar a quienes la han hecho, sobre todo porque el trato de los difuntos, bueno o malo, queda en manos de los vivos y de sus particulares intereses, sin excluir de éstos el altruista prurito de justicia retrospectiva. Torre, como tantos intelectuales republicanos, ha sido un lujo de la desmemoria o de la ingratitud de nuestra democracia. Tuvo la desgracia de morir en 1971 y no beneficiarse de la campaña de recuperación de los exiliados, de Max Aub o María Zambrano o Rosa Chacel o tantos otros a quienes, en general, trató y publicó. Guillermo de Torre debería ser recordado como el gran crítico literario de la generación de la República y uno de los ensayistas literarios más relevantes del siglo pasado. Es difícil reducir a uno o dos motivos mi atracción por la obra y la figura de Torre, que se remonta muy lejos, a los años ochenta, cuando yo trabajaba intensamente sobre los prosistas españoles de vanguardia. Me resultó muy sorprendente el proceso de entrada en una madurez lúcida que se dio en Torre entre 1924 y 1927 y que lo llevó del joven impertinente y peleón al crítico equilibrado y casi diría de vocación clasicista, sin duda gracias al magisterio de Ortega. No menos chocante me resultó la red de contactos internacionales que fue capaz de tejer desde 1918 y que comprende nombres capitales de las vanguardias italiana, francesa, belga, mexicana, cubana o argentina, con muchos de los cuales no solo colaboró sino que mantuvo una duradera amistad. Junto a estos factores de seducción hay muchos otros, pero espero que el lector del libro pueda descubrirlos por sí mismo.
Guillermo de Torre trabajó y colaboró en muchas empresas culturares y literarias ¿Quién era, en esencia, este autor de vanguardias?
Guillermo de Torre fue el impulsor y principal activista del más importante movimiento de vanguardia español, el Ultraísmo, pero eso pertenece a una etapa muy temprana de su itinerario intelectual. En 1925, con el libro Literaturas europeas de vanguardia, se convirtió en el admirado cronista de los ismos europeos, manejando una información tan profusa como de primera mano. Esa obra perdería su tono apologético juvenil al transformarse, en 1965, en la enciclopédica Historia de las literaturas de vanguardia. Pero su obra desde 1925 no fue cautiva de los productos de la vanguardia, sino que se extendió al estudio de las letras contemporáneas en Hispanoamérica y en Occidente, a la reflexión sobre los problemas que aquejaban la supervivencia de la literatura, como la tendencia de ésta a cuestionarse a sí misma, la libertad de expresión en regímenes represivos (como el franquista) o la cuestión del público. El ensayo y la crítica de Torre también alcanzaron a la literatura clásica española (Lope, el Barroco…), fue un pionero en la reivindicación de Galdós y le preocupó la dificultad de las letras españolas para incorporarse al canon de la literatura universal. Al valor de su propia obra es imprescindible añadir el de su condición de editor y mediador cultural, puesto que, desde la editorial Losada, entre otros lugares, favoreció la publicación de muchos escritores exiliados. En este sentido, su preocupación por restañar la fractura que supuso la guerra fue una constante que le llevó a crear a comienzos de los años sesenta (aunque el proyecto venía de atrás) la colección “El Puente” en la que aparecieron libros de gentes del interior y del exilio.
Alexandra López Navarro. Fundación Banco Santander.