La fusión o Steve Cowley y el sol naciente

Steve Cowley nos lanza un salvavidas energético tras el maremoto ocurrido hace un par de semanas en el País del Sol naciente. La fusión. Agárrense y sigan leyendo, que en unas palabras tiro de la cuerda.

El terremoto y el posterior tsunami de Japón no sólo han resquebrajado y asolado la superficie de la Tierra sino también la confianza del hombre en el papel que pueda jugar la energía nuclear en su futuro. La crisis de los reactores de Fukushima ha alentado un debate sobre la idoneidad del actual proceso de fisión de las centrales y la revisión de todos los protocolos de seguridad en las instalaciones nucleares. La decisión de Alemania de no prolongar la vida de sus siete centrales más antiguas o la paralización –de momento- del programa nuclear chino nos trae la posibilidad de un cambio de paradigma, o, al menos, de una reflexión sobre los procesos de fragmentación del átomo. La hora de las energías renovables parece sonar con más fuerza en estos momentos, tal como señalaba un reportaje de El País, “la crisis nuclear ratifica la idea de un futuro de energía limpia”. Sin duda, esto es cierto, pero, ¿por qué renovables apostamos que puedan mantener las necesidades energéticas futuras de una humanidad en vías de desarrollo y con más de seis mil quinientos millones de almas? Los quinientos millones en siete años, ahí es nada. ¿Podrán la energía eléctrica, eólica, geotérmica, sostener esa demanda que se augura y la permanencia del actual sistema de consumo? Aquí es donde tiramos del salvavidas que nos arroja Steve Cowley. La energía atómica del astro rey. La fusión. Un nuevo sol naciente para este científico. Cowley participará, a las 19,30 h. en el Museo de la Ciudad, dentro del ciclo “La tecno humanidad”, que viene celebrando la Fundación Banco Santander. Entre otras cosas, el director del Centro para la Fusión de Culham, explicará la disimilitud de los procesos de obtención de la energía producida por fisión en un reactor –fragmentar un núcleo pesado de uranio- y la conseguida mediante fusión –unir partículas de hidrógeno con helio-, además de las ventajas que proporciona ésta última búsqueda de unidad; esto es: combustibles inagotables, no como el uranio que empieza ya a encarecerse; deshechos radioactivos de fácil limpieza y corto recorrido, además del descarte de accidentes como el de Fukushima, al almacenarse mucha menos energía.

El problema es que por lo visto, todavía no se ha podido fabricar un reactor de fusión como tal y las técnicas parecen costosas y complejas. El ITER ha sido el primer intento realista en este sentido y tiene sus dificultades. Sin embargo, tras el desastre de Japón y otros anteriores, podría sonar la hora de la inversión de los gobiernos y las grandes empresas en la investigación y el desarrollo de esta energía. Sin duda, a través de esfuerzos monetarios y humanos los plazos de resultados se acortarían. Es la misma lógica de inversión que se pide para las energías renovables, pero ¿acaso la fusión atómica no lo es también? Y según todos los indicios, nos permitiría cubrir mucha mayor demanda energética.

Entonces, por qué no coger el salvavidas que nos arroja Steven Cowley, y mirar a esa estrella naciente cada mañana, como un amigo al que agarrarnos, un Sol naciente, al menos, para seguir a flote.

Author: Blog Fundacion Banco Santander

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